Me has puesto entre los vencidos.
Sé que no me corresponde vencer, ni abandonar la partida.
Me arrojaré en la charca aunque solo sea para tocar fondo.
Jugaré la partida de mi derrota.

Apostaré todo lo que poseo y, cuando haya perdido hasta el último céntimo, me apostaré a mí mismo; Así creo que, con mi total derrota, habré vencido.